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Evita gritar

 


Un Hogar Sano es una fortaleza psicológica y para conseguirlo hay que hacer algunas cosas, por ejemblo, evitar gritar.

La solidez de un hogar sano es uno de los pilares más fundamentales para forjar una fortaleza psicológica. Por el contrario, un hogar enfermo, cargado de tensiones y toxicidad, nos vuelve más frágiles y propensos a las enfermedades tanto mentales como físicas.

El término "hogar" no se limita a la familia tradicional compuesta por padres, hijos y una mascota. Un hogar es el espacio donde habitamos y compartimos con hermanos, amigos, padres o incluso con una mascota y visitantes ocasionales. 

Gritar en el hogar es convertirlo en un infierno. Los gritos son insidiosos. Comienzan como una excepción y, sin darnos cuenta, se convierten en una rutina tóxica. 

Puede ser que quien grita repita comportamientos aprendidos, tal vez lo oyó de su madre y a esta le gritaban, ahora el sujeto repite esta conducta inconscientemente. Pero, a veces, parece que lo hace con todas las ganas, con toda la intención.

Gritar puede parecer una simple molestia, pero en realidad es el primer paso hacia la violencia. 

Un grito transforma un conflicto común en una situación psicológicamente dañina, se trata de una imposición de poder que distorsiona la verdadera esencia del diálogo. Lo rompe. Quizás el gritador estime que su víctima tiene razón y quiere imponerse a la fuerza, gritando, luego fuerza = violencia. El grito pretende aplastar personas, ideas, lo que sea.

La violencia de los gritos convierte el hogar en un infierno. Hoy se grita porque no nos entienden; mañana, porque nos entienden demasiado. Finalmente, gritar se vuelve la norma porque creemos que sin elevar la voz nadie nos escuchará. 

Este gesto, que incluso aparentemente puede parecer como inofensivo, envenena lentamente el ambiente doméstico.

Adoptar el hábito de hablar suavemente puede convertirse en una magnífica costumbre. 

Prohibir los gritos y no permitir que te griten fortalece la convivencia, aumentando la autoestima, el respeto y el autocontrol. No gritar debería ser una regla básica en todo hogar, una consigna inquebrantable que preserve la paz y la armonía en la convivencia diaria. Sobre todo ahora que escasean los carteles de "Silencio por favor", es decir, que se está maleducando al ciudadano. En el "prohibido prohibir" no todo vale.